jueves, 17 de agosto de 2017

Kit Harington / “Jon Nieve se ha convertido en un político en esta temporada”



Jon Nieve (Kit Harington)

Kit Harington: “Jon Nieve se ha convertido en un político en esta temporada”

El personaje cobra aún más relevancia a falta de dos capítulos para el final de la séptima temporada

ROCÍO AYUSO
Los Ángeles 15 AGO 2017 - 06:56 COT



Jon Nieve (Kit Harington)
De la misma forma que Jon Nieve es un héroe a la fuerza, cualquiera que se topa con Kit Harington, el actor que le encarna, uno de los más populares de Juego de tronos —y uno de los mejor pagados de la televisión, en torno a 1,2 millones de euros por episodio— diría que se ha visto forzado a ser una estrella. De ser así, lo lleva muy bien porque nunca pierde la sonrisa, da igual cuántas entrevistas, halagos o seguidores se encuentre a su paso. “Ha sido algo único. Sin haber hecho cine o televisión, verme en el centro de este fenómeno cultural tan loco y desproporcionado en el que he vivido mi veintena, casi una década de mi vida, es algo imposible de explicar”, comenta el actor británico (Londres, 1986) a EL PAÍS.

Jon Nieve (Kit Harington)

Procura sonar agradecido porque lo está. En especial con todos sus compañeros de trabajo, que ya forman parte de su familia. Conoció a Maisie Williams (Arya Stark) y Sophie Turner (Sansa) cuando tenían 12 y 13 años, respectivamente, y las considera sus hermanas pequeñas. O a otros, caídos o no en esta sangrienta saga, como Alfie Allen (Theon Greyjoy), Richard Madden (Robb Stark), John Bradley (Sam Tarly) o Liam Cunningham (ser Davos Seaworth), con los que suele quedar periódicamente a comer. “Un buen barolo con un guiso de carne”, describe entre sus preferencias.

Jon Nieve (Kit Harington)

Pero, junto a estos momentos de camaradería, están las preocupaciones que le ha deportado el éxito de un personaje como Jon Nieve, capaz de resucitar de entre los muertos. “Sobre todo alrededor de los 28 me asusté”, comenta ahora en los 30. Todavía recuerda la segunda y la tercera temporadas como las que más disfrutó, su paso por Islandia donde se desarrolló parte del rodaje. “Pero luego supongo que fue la transición de convertirme en un adulto, de verme en el centro de toda esa fama, en un viaje que no es normal. ¡Si ni tan siquiera sabía que quería ser actor! Y todavía hay días en los que pienso que cuando se termine Juego de tronos, se acabó”, se sincera. Habla de dejar la interpretación aunque suena lleno de dudas. Pero tiene muchos planes: está escribiendo un guion para un corto, además de una serie para televisión y le gustaría probar suerte como productor y como director. “Incluso sintiéndome incómodo como actor, sería absurdo dejar algo tan bien pagado y que no siento como trabajo”, admite.

Jon Nieve (Kit Harington)
Es el mismo tono con el que habla del mundo de Juego de tronos que le rodea, el de ficción y el real. En su opinión, una de las razones del enorme éxito de la serie es su paralelismo con la realidad. “El mundo actual es más maquiavélico que Juego de tronos”, se ríe con preocupación. Lo que empezó, a su entender, como una serie escapista para huir de la crisis económica de 2008 se ha transformado en una ficción a la que la realidad le da mil vueltas.
Jon Nieve (Kit Harington)

Hubo más cambios a lo largo de este tiempo, especialmente en las tramas, pero ahí también reside el secreto de Jon Nieve. “Probablemente, es el personaje más estable de todo Juego de tronos y es lo que me gusta de él”, comenta. Claro que con el principio del fin que marca esta séptima temporada, las cosas pueden cambiar. “Este año Jon Nieve se ha convertido en un político. Es un hombre con una misión. Vamos, que él también comienza a manipular a la gente. Pero lo hace al estilo de Jon Nieve”, lo deja caer. A falta de la emisión de los dos últimos capítulos de la séptima temporada, el personaje de Harington ha vuelto a adquirir una importancia monumental para el desenlace de la serie, pero comentarlo sería entrar en el reino de los spoilers.
Daenerys Targaryen (Emilia Clarke) y Jon Nieve (Kit Harington)


AMOR Y SANGRE 
Harington dijo desde el primer episodio que lo único que quería llevarse de Juego de Tronos era su espada. “Pero después de todas estas temporadas su valor debe de estar en los cientos de miles de libras así que me veo con un réplica como mucho y eso no es lo que quiero”, gruñe el actor. Menos mal que de la serie se lleva un mejor recuerdo ya que ahí encontró a su novia y, según los rumores, prometida, la actriz Rose Leslie. Ambos se conocieron cuando Leslie interpretó el personaje de Ygritte, vinculada románticamente a Jon Nieve . Tras cuatro años de si sí o si no, ambos han reconocido su relación y ahora viven juntos aunque acaban de negar su compromiso. Pero como dejó caer Harington a EL PAÍS  sobre su próximo viaje a Italia -donde estuvo antes para participar en la campaña de Dolce & Gabbana y ahora se trae un proyecto cinematográfico entre manos-, Venecia es siempre un buen lugar para bodas. “Quizá. ¿Quién sabe?”, elude igualmente misterioso.

EL PAÍS


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DRAGON


Juego de tronos / El camino a la resurrección








‘Juego de tronos’, el camino a la resurrección

La sexta temporada comienza con todos sus protagonistas hundidos en la miseria

ALVARO P. RUIZ DE ELVIRA
25 ABR 2016 - 13:58 COT





Y en sus horas más bajas les encontrarás. Pero siempre dispuestos para resurgir. El inicio de la sexta temporada de Juego de tronos (Game of Thrones) es todo lo que pensábamos que iba a ser desde hace casi un año. La emoción desbordada y puede que desmedida del reencuentro con la serie más espectacular de la televisión actual se ha contrapuesto con la sensación de decepción por apenas ser testigos de cortos vistazos a cada personaje, a cada lugar. Y esto se ha mezclado con la no resolución del debate sobre el estado de Jon Nieve. Sí, tal y como parecía hace un año, su cuerpo está muerto. Y sí, todavía hay dudas de si resucitará de alguna forma.
El capítulo La mujer roja es el inicio clásico de una temporada de Juego de tronos, de recolocación de piezas en el tablero, que parece quedarse a medias y no contar mucho, aunque esta vez la acción comienza en el mismo momento en el que se quedó, sin elipsis alguna. Todos están en el barro, en su peor momento. Jon Nieve, muerto, ¿muerto? Daenerys, una vez más, parece haber vuelto a la casilla cero con los dothrakis y su destino vuelve a depender de una horda de bárbaros. No hay trama más desesperante que la suya, una que parece nunca avanzar, como si estuviese en un remolino. Sansa huyendo aterida y aterrada de su enésimo captor y violador. Cersei y Jaime Lannister acaban de perder a su segundo hijo y temen por el tercero, Tommen, amenazado por una profecía. Arya, ciega y pidiendo limosna. Tyrion y su ya inseparable Varys, gobernando una ciudad que apenas conocen y que, hay que admitirlo, a nadie interesa. Margaery, por muy reina que sea, encarcelada. Pero como toda buena historia, no queda más que esperar el resurgimiento de (casi) todos ellos. Y de momento, sin noticias de Bran, al que no vemos desde la cuarta entrega y que este año tendrá un papel fundamental en la historia, y la interminable amenaza de los caminantes blancos.



El cansino debate de si es mejor la serie o los libros de George R. R Martin, de si se repiten las tramas o de si tienen vida propia ya no es importante excepto para la maquinaria de ventas y atracción de espectadores. La serie ha pasado a los libros y punto. Gracias a los siete dioses es ya una discusión lejana, como la de si es una serie con desmesurada violencia, excesivo sexo y desnudos gratuitos —en este primer episodio ya hay uno, aunque más justificado que la mayoría—. A estas alturas, tras seis entregas, lo que debe de importar es si la serie satisface, si divierte, si aporta algo más allá del entretenimiento (que es de por sí un logro excelente). Ni siquiera es importante decidir en debates interminables en redes sociales, bares o en el descanso del trabajo si es o no la mejor serie de todos los tiempos. Desde luego es la mayor superproducción realizada para televisión.
El mérito está en que se habla de ella, en que consigue que sus personajes importen por muy villanos, retorcidos o grises parezcan. Juego de tronos vive por y para el espectáculo, no para dar lecciones de política, moral o valores. Juega entre las sombras, con los antihéroes como protagonistas. Prácticamente no hay nadie bueno, y casi todos los bellacos tienen sus motivos para serlo. Ese es el acierto.



Basándose en hechos históricos, como la Guerra de las dos rosas del siglo XV o el muro romano de Adriano de Britania, la historia creada por George R. R. Martin en la saga literaria Canción de hielo y fuego tiene más de la fantasía y de las narraciones de J. R. R. Tolkien, Robert Jordan, Tad Williams o Robert E. Howard o incluso de artistas del cómic como Stan Lee, Chris Claremont o Jack Kirby, que de lecciones políticas. Pese a las luchas por el poder y el control del trono de hierro, llenas de violencia y deslealtades, con pactos a traición, al final todo parece encaminarse a la eterna lucha del bien contra el mal, como adelanta el título de la saga literaria, al la lucha del hielo contra el fuego, los muertos vivientes del norte contra los dragones. Los caminantes blancos llegan con el invierno y los contendientes al trono parece que tendrán que apartar sus diferencias y aunar fuerzas y recursos para afrontar la verdadera amenaza, se llamen Targaryen, Stark, Lannister o Baratheon. O unirse a la oscuridad del inverno.
El inicio de la sexta temporada también deja clara la progresión de la importancia de las protagonistas femeninas, escenificada en esta ocasión por las serpientes de la Arena y su golpe de estado en Dorne y por la bruja roja. El misterioso final del episodio, perfecto para el debate semanal, con la revelación de la verdadera condición de la bruja roja Melisandre, es toda una declaración de intenciones aplicable a todos los personajes presentados en este capítulo: ¿hay una pérdida de fe ante la fatalidad o es un momento de contención antes de la resurrección?
Cuentan los productores de la serie que después de esta sexta entrega la resolución llegará en 13 capítulos divididos en dos temporadas. Menos episodios de lo habitual pero posiblemente más intensos. Y aún faltan dos tomos de los libros por redactar y publicar. En Juego de tronos todavía quedan muchas leguas por recorrer. Nada está escrito.

Juego de tronos / Las piezas vuelven al tablero en la sexta temporada






Juego de tronos’, las piezas vuelven al tablero

El primer capítulo de la sexta temporada sirve para situar de nuevo a los personajes y se pasa volando. Ojo, este artículo contiene 'spoilers'





Arya Stark, en la sexta temporada de 'Juego de tronos'.


Tras diez largos meses de espera y de elucubraciones, el primer capítulo de la sexta temporada de Juego de tronos ha pasado volando. Todos los años ocurre: unas expectativas sobredimensionadas (en eso tenemos mucha culpa los medios y blogueros...) que terminan con una ligera sensación de insatisfacción por la brevedad del reencuentro. (Ojo, este artículo contiene spoilers del 6x01)
Juego de tronos tiene muchos personajes, muchas tramas diferentes. Por eso es fácil que, como espectadores, tengamos la sensación de que no ha ocurrido nada, sobre todo al principio de cada temporada, cuando hay que colocar de nuevo a los personajes en su situación de arranque. La sexta temporada arranca en el punto en el que terminó la quinta, solo habrán pasado minutos o escasas horas desde aquellas puñaladas que helaron la sangre a los seguidores de la serie.
Y ahí, con Jon Nieve tirado en la nieve (valga la redundancia) y Fantasma aullando, retomamos la historia. Habrá que esperar para tener respuesta para la gran pregunta que lleva persiguiéndonos todos estos meses: ¿volverá a la vida? ¿Cómo lo hará? Pero ya se empieza a apuntar a Melisandre como la gran esperanza para la resurrección de Jon. Además, la dama roja ha protagonizado la secuencia final y el momento más comentado del arranque de la temporada al desvelar ante la cámara su auténtico aspecto.






En el capítulo, de menos de 50 minutos, también nos hemos reencontrado con Ramsay y su padre, con Sansa y Theon huyendo de ellos, capturados y rescatados por Brienne, Cersei y Jaime asumiendo juntos la muerte de otro de sus hijos, Margaery Tyrell y el Septón Supremo, los habitantes de Dorne, donde se producen las primeras bajas importantes de la temporada, Tyrion y Varys verbalizando la nueva situación de Meereen, Jorah y Daario tras su Khaleesi, la presentación de Daenerys ante Khal Moro y Arya tratando de adaptarse a su ceguera reciente. Un buen puñado de personajes y tramas que en un capítulo solo han podido esbozarse mínimamente como recordatorio de dónde estábamos y empezar a sentar las bases de a dónde podemos ir. Y todavía falta por regresar a escena Bran. Por si éramos pocos.
Con Juego de tronos ha vuelto la épica, los paisajes impresionantes (cuánto juego va a dar España esta temporada como escenario, ya se ha visto un poco en este arranque), las muertes sorprendentes, las intrigas (Cersei, tenemos todas las esperanzas puestas en tu venganza), la magia y la fantasía. Y ha vuelto la superproducción que no repara en gastos para lucir espectacular en pantalla. Este primer capítulo ha dado muestra del poderío de la serie con tantas localizaciones diferentes y unos planos cuidados al detalle.
Se ha pasado volando. Y ahora queremos más. Pero cuando nos queramos dar cuenta ya estaremos en el décimo capítulo y a punto de despedirnos hasta la siguiente temporada. Así que a disfrutar del camino, que es corto, oscuro y alberga horrores.

Juego de tronos / Un cubo de rubik de acero valyrio

Liam Cunningham como Davos Seaworth




‘Juego de tronos’, un cubo de rubik de acero valyrio

Los estudios donde se rueda la serie en Belfast encierran muchos de los secretos de la sexta temporada






Tyrion Lannister y Lord Varys, en una imagen de la sexta temporada de 'Juego de tronos'.
Atención, esto no es un spoiler: “Al final de Juego de tronos las familias se alinearán en torno al fuego o al hielo. El fuego y el hielo se pelearán por el Trono de Hierro y lo destruirán, se destruirán entre ellos, y de las cenizas emergerán los habitantes del bosque que tomarán el poder, con un consejo de la gente buena. El poder no recae en el trono, el trono solo ofrece tiranía. El poder bueno solo puede proceder de la colectividad”.
Elaborada, cuando menos, es la teoría que maneja Finn Jones, que interpreta en la serie a Loras Tyrell. Resulta que los actores se sientan en corrillos en los tiempos muertos del rodaje, y comparten sus propias teorías sobre qué pasará a unos y otros personajes, de cuyos destinos conocen solo hasta donde alcanza el guion de la temporada en curso. Recuerden: esta es la sexta temporada. Esto es territorio más allá de los libros. La aventura regresa a Canal + Series en la noche del domingo 24 al lunes 25 (3.00) en VOS, con otro pase el lunes a las 22.30 (también en VOS).
A medida que avanza la serie, los actores adquieren un conocimiento más profundo de la historia y de los personajes. Lo mismo puede decirse de los técnicos. Cada secuencia tiene mucha más información de la que se ve a primera vista y esa es una de las claves de Juego de tronos. “Tener tu papel en la mejor serie de la historia te hace querer destacar en él, construir más allá de las líneas de diálogo que te entregan”, explica el actor de 17 años Isaac Hempstead-Wright, que interpreta al joven Bran Stark.




El rodaje de la sexta temporada de 'Juego de tronos'


“El ritmo del show ya está dentro de nosotros”, asegura el productor y guionista Bryan Cogman, en una pausa de un lluvioso día de rodaje en un castillo de las afueras de Belfast. “Esta temporada ha sido el mayor reto hasta ahora a nivel de producción. Pero estamos con gente que conoce el show y sabe cómo hacerlo. A estas alturas ya es como la sangre que corre por tu cuerpo, supongo que si me preguntas sobre otra cosa del mundo no sabría responder nada”.
Cogman es una de las pocas personas que tiene todo en la cabeza. Lleva seis años instalado en Belfast, Irlanda del Norte, donde Juego de tronos ha tenido su cuartel general desde el primer episodio. Aquí nació Kristian Nairn, el corpulento actor (y dj)que interpreta a Hodor, el mozo del pequeño Stark. “Tengo 40 años y crecí en medio del conflicto de Irlanda del Norte”, explica. “Entonces nadie podría haber imaginado que el mayor show del mundo iba a rodarse aquí. Además de dejar mucho dinero, se ha convertido en una escuela para el talento local”.
A cien metros del astillero donde se construyó el Titanic, se hace hoy la producción televisiva más grande de todos los tiempos. Seis inmensas naves que suman 13.000 metros cuadrados de platós interiores, con alturas de hasta 30 metros. Y aún así, asegura Tom Martin, jefe de los estudios, “siempre hace falta más espacio y hay que montar unos sets encima de otros”.


Arya Stark, en la sexta temporada de 'Juego de tronos'.


Merodear por la seis naves es un extraño viaje por los Siete Reinos que lleva, entre andamios, de las dependencias privadas de Cersei Lannister al trono de Daenerys Targaryen, pasando por la sala de banquetes de la boda roja que, según Martin, “nadie se atrevió a desmontar”. Y de repente, el codiciado trono, el auténtico, que no es de acero valyrio sino de plástico y fibra de vidrio, y que nunca se ha movido de aquí.
Hay cerca de 1.400 personas trabajando en la serie en Belfast, divididas en tres unidades: Dragón, Lobo y Caminante Blanco. Un equipo de “economía doméstica” se encarga de cocinar la comida que se ve en la serie. Hay un responsable del barro, otro de las hojas, un departamento entero que ensucia la ropa, un herrero de Belfast tatuado de 37 años que diseña las armas. Se ha trabajado, hasta la fecha, con 40 compañías de efectos especiales.
Hay cinco directores que ruedan dos episodios simultáneamente. En un mismo día pueden estar rodando el primero por la mañana, y el sexto por la tarde. Existe un equipo que se dedica solo a organizar horarios.



Arya Stark y Jon Nieve


Juego de tronos es, en palabras de Bryan Cogman, “un gigantesco cubo de rubik”. Cada temporada la complejidad crece a medida que lo hace la destreza del equipo. Y quienes sigan la serie comprenderán que la sexta temporada, además de salir del alcance de los libros, tiene otro reto añadido a nivel narrativo. “Hay que recomponer la locura de la quinta temporada”, concluye Cogman. “Todos los personajes, aquellos que sobrevivieron, quedaron en una situación vulnerable, peligrosa y oscura. En esta temporada se trata de recoger los pedazos”.






EL HERRERO PREFIERE UN HACHA


La sexta temporada de Juego de tronos, según explican en producción, ha contado con más de 6.000 extras. Y todos ellos tiene que ser disfrazados, una labor de la que se encarga Caroline Martson en la nave de vestuario de los estudios de Belfast. “Cada figurante recibe una etiqueta y aquí le entregamos el vestuario completo”, explica. “Hay algunos que llevan aquí seis años y está totalmente metidos en la historia. Hay guardianes de la noche que se negarían a ser un Lannister”.
Antes, cada prenda pasa por el departamento de envejecimiento de ropa, donde se realizan a mano los rotos y las manchas. Las armaduras, los cascos y las joyas son cosa del italiano de 49 años Luca Gianpaoli, maestro del metal, que crea sus piezas a partir de los bocetos que le entrega el departamento de arte.
Y las armas son competencia de Stephen Murphy, herrero norirlandés de 37 años, que muestra la espada de Jaime Lannister o la ballesta con la que Tyrion sorprendió en el baño a su padre. Pero, si tuviera que matar a alguien, Murphy lo tiene claro: “Cogería una buena hacha”, asegura, y levanta amenazante un pesado ejemplar de su mesa de trabajo.

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