martes, 12 de diciembre de 2017

Andrea Camilleri / Así inventé a Montalbano


Andrea Camilleri

Así inventé a Montalbano


  • A raíz de la inminente edición conjunta de las tres primeras novelas protagonizadas por su popular detective, el escritor italiano recuerda cómo le urdió

Me explico: todo lo que había escrito hasta el momento había nacido de un fuerte impulso (el recuerdo de un hecho que me habían contado, un episodio histórico...), y siempre había comenzado a componer mis narraciones partiendo precisamente de esos impulsos, de esas ideas, que luego, una vez acabada la novela, no conformaban ni mucho menos el primer capítulo, sino que encontraban su lugar una vez que la trama estaba encauzada. Al final, el primer capítulo al que metía mano acababa siendo el quinto o el décimo, a saber.
Así fue como me hice una pregunta: ¿era capaz de escribir una novela empezando por el primer capítulo y siguiendo el hilo, sin saltos temporales ni lógicos, hasta el último? Me contesté que quizá lo sería si lograba adentrarme en una estructura narrativa lo bastante sólida.
Llegado a ese punto, me vino a la cabeza un texto de Leonardo Sciascia sobre la novela negra, sobre las reglas que debe respetar un autor policíaco. Al mismo tiempo, recordé una afirmación de Italo Calvino, según el cual era imposible ambientar una novela negra en Sicilia. Y de ese modo decidí aceptar un doble reto: contra mí mismo y contra el iluso de Calvino. De todas maneras, antes de poner negro sobre blanco reflexioné largamente sobre la elección del protagonista, del investigador.
Tenía ya mucha práctica con el relato policíaco, porque, en calidad de delegado de producción de la RAI, había sido, entre otras cosas, responsable de todo el 'Maigret' televisivo y de una serie de Sheridan. Y también había dirigido otras producciones policíacas. Pero, por encima de todo, me había influido la manera que tenía el dramaturgo Diego Fabbri de adaptar a la pequeña pantalla las obras de Simenon: las desestructuraba como novelas y las reestructuraba como guiones para la televisión. Estar a su lado era como ir al taller de un relojero y verlo desmontar un reloj para volver a montarlo adaptándolo a una caja nueva, con otra forma.
Estoy convencido de que allí aprendí ese arte y, sin darme cuenta, lo guardé en un rincón. En consecuencia, mi investigador se perfiló enseguida no como un detective privado o un 'husmeabraguetas', como los llaman los americanos, sino como un policía institucional, como un inspector o un comisario. ¿Por qué no un suboficial o un oficial de los 'carabinieri'? Durante mucho tiempo estuve tentado de elegir como protagonista a un subteniente de ese cuerpo, puesto que precisamente uno había sido el investigador de mi primera novela, 'El curso de las cosas'.
Al final me decidí por un comisario porque me pareció que estaba menos obligado a someterse a determinadas reglas de comportamiento de las que los miembros del cuerpo de carabinieri no pueden prescindir.
¿Qué rasgos característicos debía tener ese personaje? Tengo que confesar que los vi claros desde el principio: debía ser un hombre inteligente, fiel a su palabra, reacio a los heroísmos inútiles, culto, buen lector, que razonara con sosiego y que careciera de prejuicios. Un hombre al que se pudiera invitar tranquilamente a una cena familiar. Un hombre que «cuando quería entender una cosa, la entendía», como escribí ya en el primer libro.
Tenía pensados dos nombres: Cecè Collura y Salvo Montalbano, ambos muy comunes en Sicilia. Elegí ponerle Montalbano en agradecimiento a Manuel Vázquez Montalbán, ya que su novela 'El pianista' me había sugerido la estructura definitiva de 'La ópera de Vigàta'.
Una vez que aclaré esas cosas, escribí mi primera obra policíaca ateniéndome a las reglas que me había impuesto (de hecho, el primer capítulo comienza al amanecer y así sucedería en todas las entregas posteriores). La editorial Sellerio la publicó en 1994 con una cubierta exquisita.
Tras haber superado con claridad el primer reto, el que me había puesto a mí mismo, y muy probablemente también el segundo, el de Calvino, mi impulso inmediato fue dejarlo ahí.
No le hice caso porque no estaba completamente satisfecho con cómo había quedado la figura del comisario. Tenía la impresión de que no lo había dibujado del todo, de que había antepuesto la labor de investigador, pasando por alto algunos aspectos de su carácter.
En resumen, me parecía que sólo lo había resuelto a medias. Y dejarlo a medias me molestaba mucho. Siempre intento concluir lo que empiezo. Así pues, por una especie de escrúpulo artesanal, decidí escribir una segunda novela sobre aquel comisario y terminar mi breve carrera de escritor de género negro.
Creo que, ya desde las primeras líneas, hay algo que salta a la vista, una diferencia sustancial entre la primera novela y la segunda: en una, el amanecer lo ven dos basureros, mientras que en la otra lo ve Montalbano. Así sucedería en todas las novelas posteriores.
Cabe señalar que, a partir de la segunda entrega, todo lo que ocurre se ve a través de los ojos de Montalbano, tenemos siempre el punto de vista de una cámara subjetiva; es decir, no sucede nada ajeno a él: o lo ve o se lo cuentan. De ese modo, el lector siempre tiene en las manos las mismas cartas que el comisario.
Decidí que también la segunda novela debía centrarse en una investigación 'sui géneris': si el primer caso se basaba en esencia en un delito de imagen, el segundo iba a centrarse en la memoria, en un crimen sucedido muchísimos años antes y ya prescrito. Con la publicación de aquella segunda novela, 'El perro de terracota', en 1996, daba definitivamente por concluida mi incursión en el campo de la narrativa policíaca. No obstante, y por motivos que aún hoy me resultan inexplicables, el personaje cosechó un gran éxito. Y no sólo eso: su éxito sirvió de acicate para mis obras anteriores, hasta el punto de que la editorial Sellerio tuvo que reeditarlas.
Empecé a recibir decenas, centenares de cartas que me invitaban, más o menos perentoriamente, a seguir escribiendo sobre Salvo Montalbano. También es cierto que el personaje no necesitaba el respaldo de los lectores para hincharme las narices constantemente. Empezó a aparecérseme incluso cuando menos convenía, apremiante. Había leído que determinados autores decían estar obsesionados con algunos de sus personajes y lo había achacado a una afectación literaria.
Sin embargo, constaté que aquello podía suceder de verdad. Acabé en la absurda tesitura de sólo poder pensar en una novela 'histórica' con la condición de pensar al mismo tiempo en un nuevo caso de Montalbano. De otro modo no podía seguir adelante.
Y así me vi 'obligado' a escribir, y además con cierta urgencia, la tercera novela, 'El ladrón de meriendas', en la que favorecí un aspecto del comisario completamente personal.
Una vez más, me hice ilusiones de haber puesto punto final. La verdad es que no me apetecía ser escritor de novela negra, y menos de una serie con un mismo personaje.
Sin embargo, fue como echar gasolina al fuego.
EL MUNDO


FICCIONES

DE OTROS MUNDOS

Cuentos


La danza de la gaviota / Sabroso Montalbano



LA DANZA DE LA GAVIOTA

Sabroso Montalbano

BERNA GONZÁLEZ HARBOUR
19 MAR 2013 - 04:14 COT






Sabroso Montalbano

Leer a Andrea Camilleri suele tener un efecto médico, balsámico, es una terapia segura para huir de todos los agobios, la crisis y el estrés. Uno comienza a zambullirse en esa prosa veterana y sabia, en ese universo en el que puedes asomarte a los crímenes de más solera de Sicilia con el mejor de los humores posibles, con tanta alegría, y comprueba una vez más que gratifica y divierte desde la línea uno. ¡Qué más da si se cepillan a un chivato o si trafican con armas químicas! La trama siempre es lo de menos cuando hablamos del comisario Montalbano; lo importante es el ambiente, la disección humana, el costumbrismo, el placer de una pluma que se ríe consorna afilada -y la dosis exacta de respeto o de falta de respeto- de todo lo que le rodea.

Andrea Camilleri / El primer caso de Montalbano / Reseña



Por Ezequiel Acuña
El primer caso de Montalbano
Andrea Camilleri
Salamandra
317 páginas.
Cuando un personaje como Salvo Montalbano alcanza cierta popularidad, no es raro que su autor le dedique alguna entrega al esclarecimiento de los sucesos previos a las grandes aventuras del héroe. Esto supone, muchas veces, la publicación poco afortunada de un relato pormenorizado de infancia, traumas, amores perdidos y otros tantos eventos que poco tienen que ver con lo que llevó al héroe al podio. Sin embargo, siempre existen las excepciones y los escritores astutos y cuidadosos como Andrea Camilleri. El primer caso de Montalbano presenta tres nuevos relatos del policía siciliano. Entre ellos, el cuento que da nombre al libro narra los comienzos de su historia como comisario, su ascenso y traslado a Vigàta, esa ciudad portuaria inventada por Camilleri que recoge las mejores y las peores características de la Sicilia profunda. Montalbano explora su nuevo destino y sobre su inocente recorrido se irán articulando los hechos que disparan la investigación. Sin embargo, da la sensación de que Camilleri se tomara su tiempo –y una buena cantidad de páginas– para delinear con precisión el paisaje de la ciudad, su movimiento, sus personajes, y sobre todo las obsesiones y hábitos gastronómicos de su querido Montalbano, adorador de la cocina italiana. El cuento del título aporta además dos curiosas aunque breves apariciones estelares. Por un lado, Camilleri pone en escena a Libero Sanfilippo, antiguo jefe de Montalbano de quien ha aprendido a cultivar el ojo clínico. Por el otro, el padre de Montalbano lo visita en su nueva comisaría dejando al pasar algunos buenos consejos para la resolución de la investigación.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Andrea Camilleri / La oscuridad no se puede combatir




Andrea Camilleri se enciende un cigarrillo en la bilbioteca de su casa en Roma.
Andrea Camilleri se enciende un cigarrillo en la bilbioteca de su casa en Roma. ANTONELLO NUSCA



Andre Camilleri: “La oscuridad no se puede combatir”

Biografía

Andrea Camilleri, con 92 años y una ceguera que le impide leer y escribir sin ayuda, lamenta el estado de la política actual y cree que la corrupción ha terminado impregnándolo todo

VER A BERLUSCONI DICTAR LEYES OTRA VEZ SERÍA LO PEOR QUE PODRÍA PASARME A PUNTO DE MORIR”

DANIEL VERDÚ
Roma 11 DIC 2017 - 03:42 COT
Hace dos años, Philip Morris dejó de fabricar los malditos cigarrillos. Rojos, cajetilla blanda, filtro sencillo. Llevaba décadas fumándolos. Él y Valentina, su asistente, escribieron una carta al director general de la compañía haciéndole notar que al maestro le hubiera gustado disfrutar de alguno más de aquellos pitillos. El ejecutivo también tiró de ironía: “alguno más” no bastaba para reflotar un producto que prácticamente solo consumía él. “Ahora estoy obligado a fumar esta porquería”, dice con una carcajada Andrea Camilleri (Porto Empedocle, 1925), sentado en el sillón de la biblioteca de su casa, en el barrio romano de Prati, mientras busca a tientas el mechero sobre la mesa y enciende el quinto de la entrevista. 

Andrea Camilleri / Montalbano envejece




Montalbano envejece




Montalbano envejece. Es una cualidad humana que poseen pocos personajes literarios, cumplir años al mismo ritmo que sus lectores. Desde ‘La forma del agua’ (1994), su primera aventura, el comisario inventado por Camilleri ha dejado de ser un cuarentón sin abolladuras para convertirse en un cincuentón cercado por las dudas y el cansancio. Montalbano ha visto demasiados muertos y, lejos de acostumbrarse, cada vez le cuesta más convivir con la violencia.

Andrea Camilleri / Novela negra siciliana



Andrea Camilleri

Sí, novela negra siciliana

BELÉN AYALA
9 DIC 2014 - 03:06 COT






Andrea Camilleri en BCNegra.  GIANLUCA BATTISTA
Andrea Camilleri en BCNegra. / GIANLUCA BATTISTA

Andrea Camilleri fue padre de Salvo Montalbano cuando rondaba los 70 años. Y el niño le nació con 45. El autor ya había escrito varias novelas y el género negro no le resultaba del todo desconocido porque había participado en la serie que la RAI, la televisión pública italiana, había dedicado al inspector Maigret. Pero fue un doble reto el que le hizo colocarse delante de la máquina de escribir: demostrar que Italo Calvino no tenía razón cuando dijo que no se podía ambientar en Sicilia una novela negra; y ver si, por primera vez en su vida, era capaz de escribir algo en orden, cronológicamente desde el primer capítulo hasta el último.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Kazuo Ishiguro / “Soy un autor cansado que pertenece a una generación cansada”

Kazuo Ishiguro



Kazuo Ishiguro

“Soy un autor cansado que pertenece a una generación cansada”

El premio Nobel de Literatura pronuncia su discurso de aceptación en Estocolmo


JESÚS RUIZ MANTILLA
8 DIC 2017 - 14:54 COT


Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1953) ha sido siempre un escritor atento a las revelaciones. “Estas no llegan envueltas en fanfarrias, son pequeños instantes que descubren a menudo cosas que van en contra de nuestros propios deseos, pero hay que reconocerlas al aparecer porque si no se te escurren entre las manos”, aseguró este jueves en la lectura de su discurso de aceptación ante la academia sueca, previa a la entrega del Premio Nobel, que recibirá el próximo domingo.

Kazuo Ishiguro / El escritor de la “mejor novela del siglo”


Kazuo Ishiguro
Ilustraciòn de David Levine

Kazuo Ishiguro, el escritor de la “mejor novela del siglo”

Uno de los libros más famosos del autor, que nació en Japón pero escribe en inglés, es Nunca me abandones. La editorial Anagrama ha publicado sus títulos en español
Kazuo Ishiguro no es un desconocido en Venezuela. Tiene sus lectores entusiastas. Por eso, cuando la Academia Sueca anunció que el escritor británico, de origen japonés, recibió el Premio Nobel de Literatura, no hubo mayores discusiones al respecto, como ocurrió el año pasado con Bob Dylan o en 2015 con Svetlana Alexievich, de quien muchos críticos, libreros y asiduos lectores nunca habían escuchado hablar antes.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Emmanuele / Carrère: “El cristianismo es un invento revolucionario”

Emmanuel Carrère

Emmanuel Carrère

“El cristianismo es un invento revolucionario”

En 'El Reino', el escritor indaga en la vida de los primeros cristianos, reinterpreta los evangelios y revisita un perturbador capítulo de su vida: los tres años en que descubrió la fe





El escritor Emmanuel Carrère.Ampliar foto
El escritor Emmanuel Carrère. AUDOIN DESFORGES

Llegó sin previo aviso. Durante tres años, hace más de dos décadas, Emmanuel Carrère (París, 1957) descubrió qué era la fe. Sumaba entonces poco más de treinta años y nada iba bien en su vida. Incluso comentó a su psicoanalista la posibilidad de poner fin a sus días. “El suicidio no tiene buena prensa en nuestra época, pero a veces puede ser la solución”, le respondió. “Si no, también puede vivir”. Optó por lo segundo, pero acudió a la religión buscando refugio y consolación. La experiencia no duró demasiado, pero caló hondo. Carrère empezó a acudir a misa, se volvió a casar por la Iglesia y bautizó a unos hijos ya mayores. A partir de esa vivencia, el escritor firma ahora El Reino (Anagrama), nuevo híbrido entre ficción, ensayo y memoir en que analiza su conflictiva relación con lo religioso, además de narrar la aparición de “esa pequeña secta judía que terminará convirtiéndose en el cristianismo” e incluso reexaminar el contenido de los evangelios. El escritor, que logró vender 250.000 ejemplares del libro en su país, se confesó en su domicilio parisiense –un gran apartamento decorado con muebles de diseño de los cincuenta y situado en la revalorizada colonia africana de Château d’Eau– sobre lo que le impulsó a escribirlo.

Carlos Boyero / Carrère



Carrère

Carrère habla en 'El Reino' de su conversión temporal al cristianismo en una época muy confusa de su vida. Y después reflexiona en un tocho infinito sobre los apóstoles. Y me aburro, me resulta cenagoso

CARLOS BOYERO
30 ENE 2016 - 14:08 COT





Emmanuel Carrère.
Emmanuel Carrère.

Tengo absurdos prejuicios y miedos sobre todo lo nuevo, pero soy capaz de reconocer lo estrecho de mi mente cuando descubro a artistas actuales que son fascinantes. Y como buen converso, quieres recuperar todo lo que te regala tu nueva fe. Emmanuel Carrère me fascinó en ese libro demoledor titulado El adversario. Su voz era única, la fórmula de combinar su propia vida con las historias que narra poseía una potencia expresiva y una complejidad admirables. Ese enganche se prolongó con las impresionantes, dolorosas, tan de verdad De vidas ajenas y Limónov.

El Evangelio según Carrère

Emmanuel Carrère


El Evangelio según Carrère

Está a la cabeza del batallón de autores de ficción que dicen no escribir ficción. Con gran inteligencia narrativa


ISAAC ROSA
15 SEP 2015 - 12:14 COT


Que los textos sagrados son un filón narrativo lo saben los muchos creadores que han encontrado inspiración en ellos, y cualquier lector que haya abierto una Biblia. Enseguida nos viene a la mente el Evangelio de Saramago, o entre nosotros el José novelado por Martín Garzo y la más reciente fabulación de Menéndez Salmón con la infancia de Jesús.
Pero donde la mayoría de autores intuye una novela, llega Carrère y dice “¡alto ahí!”. Su mirada al Nuevo Testamento pasa por renunciar a la ficción (por supuesto que no, pero esa renuncia es parte del juego desde hace varios libros) y aplicar al cristianismo primitivo lo que podríamos llamar la “fórmula Carrère”, esa escritura personal que desde El adversario convierte sus libros en irresistibles: una bien medida mezcla de no-ficción, metaliteratura soft y autobiografía, aliñada con un ligero ensayismo, algo de humor y un estilo fluido y llano, intencionadamente alejado de la preocupación estilística de un Echenoz o un Michon. Una fórmula exitosa, que coloca a Carrère a la cabeza del nutrido batallón europeo de autores de ficción que dicen no escribir ficción.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Angelina Jolie desvela que hizo ‘Frente al mar’ para salvar su matrimonio



Angelina Jolie desvela que hizo ‘Frente al mar’ para salvar su matrimonio

La actriz pensó que protagonizar con Brad Pitt esta película sobre la crisis de una pareja iba a arreglar su relación


EL PAÍS
Madrid 6 DIC 2017 - 09:10 COT

Muchos vieron en Frente al mar, un filme que se estrenó en 2015 dirigido por Angelina Jolie, el reflejo y los problemas de su matrimonio con Brad Pitt. Ellos lo negaron pero ha sido ahora cuando la actriz ha confesado que puso en marcha este proyecto para buscar un remedio a su deteriorada relación. "Nos conocimos trabajando juntos y funcionábamos bien... quise que hicieramos algo serio juntos, pensé que sería una buena manera para que nos comunicáramos", ha asegurado la actriz en el podcast Awards Chatter de The Hollywood Reporter. "De muchas maneras funcionó, aprendimos algunas cosas. Pero había un peso entre nosotros que no tenía que ver con la película y que siguió existiendo después", ha dicho. En septiembre de 2016, Angelina Jlie y Brad Pitt se separaban tras 12 años juntos y 6 hijos en común. El divorcio aún no se ha firmado por las diferencias de la pareja sobre cómo deben gestionar la custodia de sus vástagos.

Un año sin Brangelina / Así están las cosas


Angelina Jolie y Brad Pitt, en 2007.

Un año sin Brangelina. 

Así están las cosas

Brad Pitt y Angelina Jolie todavía no han firmado los papeles del divorcio ni han llegado a un acuerdo definitivo sobre la custodia de sus seis hijos


El País

Madrid, 23 de septiembre de 2017


Se ha cumplido un año desde que saltara la noticia del fin de Brangelina, el final de una pareja que era todo glamur en las alfombras rojas de Hollywood a la par que trataba de vivir una vida normal junto a sus seis hijos. La noticia de la separación de Brad Pitt y Angelina Jolie pilló por sorpresa a todo el mundo, pues tras 12 años de relación se les veía como a la pareja perfecta a la que todos envidiaban. Doce meses después, los protagonistas de la historia ya han vuelto al trabajo y han hablado sobre su separación, aunque nunca han dejado claras cuáles fueron las causas de la disolución de su matrimonio (y eso que hubo una investigación de las autoridades a Brad Pitt por una discusión con su hijo mayor que se cerró sin cargos).